La aparición de manchas amarillas en los tomates alrededor del tallo puede estar asociada no solo a la falta de potasio, como suelen creer muchos jardineros. La coloración desigual de la piel y la pulpa áspera y sin sabor pueden ser el resultado de una alimentación inadecuada o de falta de energía eléctrica para los tomates.
Algunas variedades de tomate pueden reaccionar al exceso de nitrógeno en el suelo cuando se les suministra potasio, lo que puede provocar la formación de pulpa áspera y también una coloración desigual de la piel del fruto. Los “hombros” amarillos de los tomates pueden ser característicos de la variedad, pero desaparecen en los frutos maduros, mientras que la pulpa permanece jugosa.

Se recomienda no sólo añadir los nutrientes necesarios, sino también dosificarlos correctamente, observando la proporción entre ellos. Durante la maduración de los tomates, la necesidad de potasio en los fertilizantes debería ser mayor y, después de plantar las plántulas en el suelo, se debe poner mayor énfasis en el fósforo.
El riego periódico con una solución de 1 cucharada de jugo de limón y 1 balde de agua ayudará a que las plantas absorban los nutrientes necesarios. No se debe abusar del riego; el exceso de humedad y la difícil ventilación de los invernaderos pueden afectar negativamente la digestibilidad de los alimentos.

La mala aireación del suelo también puede provocar pulpa áspera y manchas amarillentas en los tomates. La siembra densa también puede afectar negativamente la calidad de los frutos: con ella, las plantas se darán sombra entre sí.


